31/7/10

Yo no quiero de esta guerra



Querida amiga,


Yo no quiero de esta guerra, mi pequeña iraquí. ¿Es una obsesión? No, no es una obsesión. Es más bien una preocupación.


Una mujer propietaria de un bar y de un restaurante en un pueblo cercano me dice, mirándome directamente en los ojos, que no quiere que sus hijos se enteren de las cosas que pasan en el mundo. Que disfruten, dice. Y yo bajo la mirada, porque siento vergüenza ajena.


En todas partes, amiga, veo indiferencia, ignorancia, silencio cómplice, pasotismo obsceno. Pienso que no nos podemos permitir cerrar los ojos. Pero es así, morenita. Y la vida sigue.


A veces veo algunos, percibo algunos con el corazón latiéndoles fuerte y con la rabia y con la pena. Me gusta verlos, tienen dentro de ellos una pasión, el dolor inconmensurable de los otros, animales o personas. Ver a estos locos (locos para los otros pero no para mí), me produce calma y sosiego. Y esperanza. Y fuerza.


Yo no quiero de esta guerra, amiga, ya lo he dicho y lo vuelvo a decir y lo digo cada noche y cada mañana al despertarme en esta tierra y cuando veo el cielo azul (a veces es azul, aún) y digo, repito, no quiero de esta guerra, no quiero que las niñas sufran la avaricia de unos pocos, hombres de pantalón oscuro y corbata de oro. Mi voz es muy suave y demasiado tierna. En casa ya nadie me escucha. Pero yo sigo diciendo que no quiero de esta guerra que planifican a su gusto sobre pueblos que no se la merecen. ¿Acaso las madres de los niños de Afganistán se merecen esta cajas de madera triste donde yacen sus hijos sin vida en un intenso vacío? ¿Acaso los hijos de Irak se merecen un futuro de sangre y dolor, un futuro sin futuro solo el estallido de bombas y el estallido del silencio del resto del mundo? Porque el silencio tiene una voz, su voz es oscura y penetrante, su voz duele, la voz del silencio de los otros, de los que miramos las noticias inmutables, impasibles, fríos como deben ser los esqueletos en sus pozos negros lamiéndose los huesos pensando que están vivos, aún.


Yo no quiero y lo repito sin parar, es mi mantra, yo no quiero de esta guerra. La rehúso, la repudio, la rechazo, la vomito. No quiero de este absurdo y terrorífico futuro para vosotras, niñas del desierto.

3 comentarios:

Lola dijo...

Yo no quiero esta guerra tampoco...
Seguro que el mundo no fue creado para que todo esto pasara. Yo también grito, con un grito desgarrador que sale de mi alma, que yo no quiero esta guerra.
Ojala mucha gente leyera tu grito de angustia. Besos Lola

Alejandro Kreiner dijo...

Nadie quiere la guerra y menos la que la padecen.

Saludos.

Lydia dijo...

Nadie la quiere esta guerra, solo la quiere el gran imperio para acapararse del mundo gracias al petroleo. Es una vieja historia que se repite. Los imperios son así. Hablo de la guerra contra Irán, evidentemente que es tambien una continuación de la de Irak y de Afganistán. Quieren toda la región para ellos, solo para ellos.

Gracias por vuestra visita. Un abrazo,