En 1965 Peter Watkinshizo una película sobre el tema nuclear. Este film muestra como un país como Inglaterra viviría una guerra de misiles nucleares. ¿Qué pasaría? ¿Cómo reaccionaria la gente? ¿Qué medidas serían tomadas?
Por su estilo y su temática, The War Game es extremadamente moderna, como si fuésemos testigos de un reportaje en directo sobre la tragedia, con realismo y sin romanticismo. A mi punto de vista sigue siendo una película actual porque el peligro nuclear sigue siendo una realidad.
En los últimos años se han hecho varias series de televisión, sobretodo británicas, sobre ataques nucleares pero ninguna llega a la profundidad terrible y macabra de lo que realmente pasa cuando un país es atacado por misiles nucleares. Tanto del punto de vista científico, humano y social, The War Game se acerca a una verdad insostenible y temible.
Después de ver The War Game mi opinión sobre lo nuclear se acentuó y tomé conciencia de lo frágil que somos ante la locura de los políticos que nos gobiernan. La película de Peter Watkins es como un espejo cristalino, duro y pesado, que nos mira con desnudez y dolor.
Este verano he hecho una broma a mi hermana, Laika. A veces soy traviesa, como tú…
Le dije que para su cumpleaños le enviaría una película muy romántica. Mi hermana es así, le gusta este tipo de cine. Yo, como sabes Laika, odio las películas románticas. A mi me gustan las películas de terror.
Así que le envié Vacancy pero le dije que era una historia sentimental y fantasiosa, de esas que se miran con una botella de champán y un novio. Y así le escribí en la postal: no te olvides del novio dónde podrás apoyar tu cabecita sobre sus hombros.
Mi hermana me creyó y preparó una cena, invitó a su novio y empezaron a mirar Vacancy. Una película de terror, quizás la mejor película de terror que he visto estos últimos años. Es decir, de estas que si la miras tienes que advertir a tus vecinos que si oyen gritos no llamen a la policía, que no pasa nada, que solo eres tú gritando porque miras una buena película de terror.
Vacancy es un guiño, también, a la tan conocida Psicosis de Alfred Hitchcock. Pero va más allá, va mas lejos, es más moderna, más cercana a nuestra realidad. De todas maneras he revisitado a Psicosis y es una obra maestra, con los ingredientes perfectos del terror, entre ellos el suspense, un arma que Alfred Hitchcock enseñó como utilizarla. Decía el gran maestro que había una diferencia entre la sorpresa y el suspense. Y ponía el siguiente ejemplo: Una bomba tiene que explotar. Supongamos que el espectador esta viendo una escena donde se ven espectadores en un cine. Si hablamos de sorpresa lo que ocurrirá en la escena es que de repente explota una bomba. Esto es una sorpresa, nadie se lo esperaba, nadie había anunciado la explosión. Pero si hablamos de suspense, el espectador ya sabe de antemano que una bomba explotará en la sala de cine de la escena que está viendo. ¿Cuando explotará? ¿En que momento? Esto es suspense.
El terror, el terror bueno en el cine, es el suspense al límite, sin concesiones. No es sadismo. Hoy en día se hacen muchas películas que son sádicas, ni más ni menos. En las buenas películas de terror no es necesario ver cuerpos descuartizados, sangre, cabezas despedazadas, tripas o tendones cortados con hachas. El suspense es más delicado y a la vez más potente. Es más inteligente porque juega con tus nervios y no es repulsivo.
Vacancy también ocurre en un hotel, como Psicosis, y también tiene su hilito de humor negro. Pero es una película que no te deja suelto, te amarra y te suelta al final. Es muy buena.
Aquí pongo los créditos de la película, o como dicen en inglés, The Opening Sequence. Es excepcionalmente buena esta obertura, aunque solo se vean palabras y se escuche una excelente música. Pero este comienzo ya indica lo que va a venir: El laberinto que se ve al final de los créditos ya es una especie de advertencia. Y también yo advierto que tus nervios acabarán hechos polvo si te atreves a ver la película hasta el final.
Entonces, lo que hago es simple. Primero, busco algún libro de algún autor japonés en mi biblioteca personal. Y también miro alguna película japonesa. Mi ansia de Japón se calma.
Recuerdo en Montreal… un verano muy pegajoso. Vi todas las películas de Akira Kurosawa. Me tranquilizaban, la humanidad en ellas me aquietaban. Antes, iba al barrio Chino y compraba unospasteles japoneses que eran suaves como una nube. También me preparaba un buen te verde y mentolado. Y así, simplemente, Japón estaba en mí.
No me preguntes, Laika, por que Japón. Nunca he tenido la suerte de visitar este país tan extraño, este otro planeta tan lejano y a la vez que siento tan cerca, como si de una luz se tratase, una luz interior en mí llamada Japón. Al ver el cine japonés siento que algo se abre dentro de mí, como una comprensión sin palabras, sin definiciones ni sin mi intelecto.
El cine japonés me ha enseñado muchas cosas, entre ellas la cultura japonesa, tan contradictoria, tan estructurada. Y también me ha enseñado lo que es el buen cine, la buena fotografía del cine y esto ya en las películas de los años 30. Y siempre me ha fascinado la puesta en escena, que habla de por sí con una simplicidad casi Zen. Y los actores japoneses son unos de los mejores del mundo.
Por todo esto hay momentos que necesito Japón dentro de mí, como una oración que naciese dentro de mí.
Y ahora estoy leyendo a uno de los grandes escritores japoneses, Masuji Ibuse y su novela Black Rain, que habla de Hiroshima. La película, basada en su novela escrita en 1966, es extraordinaria. La novela es una obra de arte que habla de la fuerza del ser humano, de su bondad y perseverancia. También es un viaje en el infierno de Hiroshima. Y creo, Laika, que de vez en cuando necesito Hiroshima dentro de mí, para poder rezar en silencio Hiroshima.
Laika, no se necesita entender el japonés para entender Hiroshima. Hiroshima es un dolor universal.
Tengo un tío que fue capitán de barco y cuantas veces lo he escuchado hablarme de sus aventuras en el trasatlántico que él dirigió. Cuantas veces he deseado que mi tío me invitase a uno de sus viajes… y nunca lo hizo.
Pero me gustan las historias de barcos por muchas razones más. En un barco pueden ocurrir tantas cosas, y puedes conocer a tanta gente. Y si se trata del Titanic, pues o sobrevives o no. No hay otra alternativa.
Todos conocemos esta historia fatalista. Es casi un mito. La hemos visto en la versión de James Cameroun, hace pocos años. Un Titanic inmenso, grandioso. Pero esta no es la única película sobre este barco que decían “invencible”. Mi preferida es la de 1958, A Night to Remember, película británica. Es una obra de gran calidad, sin romanticismo, bastante cruda, realista, fría. Pero muy humana, muy intima. Cada vez que veo esta película me encuentro con estos pasajeros que vivieron, más de la mitad, su última noche.
La naturaleza me emociona. Las peliculas que hablan de la naturaleza me conmueven. Esta pelicula, de Jean-Jacques Annaud es una maravilla. Laika, es gracias a este tipo de peliculas que uno aprende que los animales son otros animales, como nosotros, ¡y cuanto tenemos que aprender de ellos...!
¿Y si la realidad fuese peor que la ficción, Laika?
En los años 70 Terry Nation realizó una serie muy interesante sobre un final de la humanidad producido por un virus, un virus bastante parecido al que está rondando ahora mismo en Mexico y Estados Unidos. Survivors es la historia de los supervivientes de este virus que tienen que afrontar un nuevo mundo.
La serie, Laika, es buena, sobretodo la primera y la segunda parte. La tercera ya no tanto. Es antigua, se nota. Ahora los britanicos están produciendo una nueva serie, más moderna. Pero Survivors es interesante, nos pone en plena acción y situación. ¿Qué clase de supervivientes seriamos?
A veces mi jefa es muy amable, Laika. Es cariñosa y sonríe y es inteligente. Cuando es así la abrazaría, la cogería entre mis brazos y hasta le daría un beso en las mejillas. Otras veces, sin embargo, es insoportable, está de mal humor, chilla, insulta, y entonces la estrangularíapara hacerla desaparecer de mi vida ya de una vez.
Y yo me pregunto: ¿cual de estas dos mujeres es mi jefa?
Los budistas me dirían, quizás, que ninguna de ellas es mi jefa, o que mi jefa no existe, que tampoco yo existo, que todo es una ilusión. Los zen budistas alomejor me dirían que no existe una jefa mala y otra buena, que no existe ni la maldad ni la bondad, que no hay nada. Y que en este nada, en este vacío hay mi jefa y yo.
Francamente Laika, yo no sé ya que pensar.
Si mi jefa no existe, ¿quien es esta mujer? Si ella no existe ni yo tampoco, si todo es una ilusión entonces mejor me quedo en casa con una buena novela de Joseph Wambaugh. Y punto a parte.
Pero la pregunta persiste y me gustaría contestarla. Sin conceptos me gustaría ver quien es mi jefa, si existe.
Sin conceptos.
Quizás ella es cuando el otro día vi su mirada triste. Ella es esta mirada triste que me habla de algo misterioso, de algo inaccesible y a la vez entendible sin palabras, sin ideas. Cuando vi sus ojos, muy tristes, conecté con una persona que era muy semejante a mí. Con ilusiones, con fracasos, con decepciones, alguien que anda sobre este camino que es la vida.
Y también cuando hoy la he visto pasar el aspirador, en la recepción. Su pose melancólica y pensativa me ha emocionado mucho. ¡He visto a alguien tan semejante a mi propia naturaleza! Y durante unos segundos la he estado observando sin reflexionar sobre nada, solo viendo a un ser pensativo y melancólico.
Buda dice que todos llevamos un buda dentro y se pues que mi jefa, cuando es amable y cuando no lo es, tiene este buda dentro de sí. Esta capacidad de amar, de comprender, de conectar. Este potencial de don, de vivir la compasión, de compartir.
Y al igual que mi jefa, yo también Laika, me olvido de que un buda está en mí, este sol que lo aclara todo como agua de cristal. Y que alegra el corazón. Y que todo, de repente, tiene un sentido. Aunque nada exista, ni el sentido, ni mi jefa ni yo.
Hoy, Laika, he recordado con mucho interés un día que mis padres vinieron a verme en la biblioteca municipal dónde estaba trabajando. Fue una sorpresa verlos entrar en aquel lugar, y recuerdo mi mirada sobre ellos, una pareja que aquel día me gustó: elegantes, serios, y diría casi bellos.
Aquel día siempre quedará gravado en mi mente, en mi baúl de recuerdos y en mi alma. Fue un día especial porque los vi tal como eran, sin juzgarlos, sin emoción, sin ataduras. Mi padre sonreía, le gustaba verme trabajar entre todos aquellos libros. Se sentaron en unos sillones y les llevé diarios y revistas.
¿Por qué ciertos recuerdos quedan gravados con más intensidad que otros? No lo sé, Laika. Tampoco no tiene importancia. O si. Ahora que mis padres ya no están solo tengo buenos recuerdos de ellos. Solo siento ternura y admiración.
Fuimos una familia disfuncional, pero esto es normal, todas las familias lo son. Peleábamos, chillábamos, no sabíamos con tantas emociones destructivas, con tantos lazos que dolían, y cadenas y prisiones que nos inventábamos. Y hoy me pregunto: ¿Por qué? Ya todo ha pasado. Yo sigo creciendo, a paso de tortuga, sigo indagando, sigo buscando. Pero queda una certitud, una verdad inalterable: si me pidiesen de volver a vivir mi vida aceptaría de todo mi corazón.
Mis padres hoy, hoy que ya no están vivos, son mis héroes. Y yo soy la hija de estos héroes. Mi padre, por ejemplo, me enseñó que en la vida hay que ser integro. El fue un hombre muy integro. Y fiel. Fiel a si mismo, siempre (y esto fue la causa de tantas peleas entre mis padres); fiel a sus amigos, fiel también a sus ideas. Con su ejemplo aprendí la integridad: modestia, honradez, lealtad. Sin embargo nunca me dijo que ser integro me llevaría problemas. He perdido, como mi padre años antes, algunos trabajos por esta integridad. Quizás hubiese sido mejor ser un poco más sinvergüenza.
Mi madre ella me enseñó la curiosidad. De esto le estaré siempre tan agradecida, Laika. Si eres curioso nunca te aburres. Y con mi madre, cuando salíamos juntas de paseo, nunca nos aburríamos. A veces podíamos pasar una tarde en un café estudiando la gente, inventando sus vidas, simpatizando con desconocidos que de repente se transformaban en personajes cercanos, más humanos.
Cuantas cosas han pasado desde entonces, Laika… Desde aquella visita inesperada de mis padres en la biblioteca. Cuando termines iremos a tomar un café, dijo mi padre. En realidad ellos siguen allí, en aquel lugar casi mágico. Y saben, estoy ahora convencida de ello, que tienen una hija que les quiere mucho.
Cuando estoy contigo me aparto de la locura del mundo para centrarme en algo que no tiene definición alguna, ni que se puede analizar. Cuando estoy contigo, Laika, estoy toda yo en este momento, en el presente. Ahora, aquí, contigo. Siento la fuerza de este instante que es mi vida, mi vida en este instante, aquí y ahora.
El mundo es una locura, sí. El mundo está enfermo, enfermo a fuerza de dividir, de separar, de comparar, de razonar… Miedos, fobias, soledades, eso es el mundo. Pero es posible parar este huracán, este huracán afuera, este huracán adentro. Es posible diciendo sí al ahora. Contigo Laika no es que me olvide del mundo, ya que nadie puede olvidar este horror y este sufrimiento dónde yo como ser humano tengo ancladas mis raíces, que hace parte, este mundo loco, de mi existencia, pero si puedo… vivir este momento, ahora y aquí, contigo, un momento que me alcanzas con tu naturalidad, un momento natural, un momento que se abre y me abre gracias a tu inocencia animal, a tu presencia en este aquí y ahora.
Laika, eres mi sanadora. Contigo mi mental se calma, paro de reflexionar, de pensar, de actuar, de tener un objetivo, de vivir mi pasado y mi futuro. Contigo, Laika, mi mental se calma…se desvanecen mis obsesiones, mis miedos, desaparecen mis angustias, mis inquietudes…Y llega la paz, una paz como un rayo de sol, una paz que me abre los ojos y me hace decir si al momento presente.
Flujo, vida, energía. Esto es este instante, este presente.
Laika, me sanas la cabeza. Y Salem, mi gato negro, también me sana la cabeza, y Shiva y Zen, mis dos Perritos de la Pradera, y Nina, mi otra perra, y Chanela, la gata tímida… Todos vosotros sois mis sabios sanadores. Os miro, jugamos juntos, reímos juntos… en este instante, ahora.
Participación, plenitud, momento eterno.
Es la presencia. Es estar aquí, dejar el intelecto de lado, los pensamientos de lado, es tomar conciencia del presente. No pasa nada, estoy aquí, viva, alegre, aceptando este momento único.
Hoy he tenido una pequeña conversación con Virginia Woolf. Ella siempre ha sido una amiga mía desde que descubrí su diario en los años 80 y últimamente sus cartas. Desde entonces, desde aquel día en el que abrí el primer volumen de uno de los más interesantes diarios íntimos de la literatura, se creó una amistad que ha ido creciendo de año en año. Casi treinta años de dialogo con esta mujer inteligente, sabia, evolucionada y buena, con un sentido del humor perspicaz y divertido y un talento para la descripción y el análisis que siempre me sorprenderán. Y hasta ahora voy descubriéndola, aprendiendo sobre ella, y participando en su mundo mental y espiritual.
Hoy he hablado con ella, Laika. Le he hecho unas cuantas preguntas.
Yo: ¿Cómo sobrevivir en tiempo de crisis? ¿Qué actitud tomar?
Virginia: Trabajar, trabajar, trabajar. Es una salvación, un reto. Olvidarse de la crisis, de la guerra, de todo lo que es en realidad tan artificial. Trabaja, amiga. Escribe, crea, inventa, busca, esto es lo que entiendo por trabajar. No pares de trabajar.
Yo: ¿Y las dificultades financieras? ¿Los problemas materiales?
Virginia: Hay momentos en los que vivimos en la opulencia, tenemos dinero, disfrutamos de nuestras ganancias, viajamos, salimos… En tiempo de crisis, o de guerra, hay menos dinero, todo es más difícil, cierto, pero todo pasa. Ha habido días en los que solo teníamos para cenar un trozo de pan, no había electricidad, teníamos que preparar la comida en la chimenea… Hacia frío, no funcionaban los trenes, Correos tardaba el doble de tiempo en librar las cartas, el ambiente era cargado, pesado, negro… Yo siempre guardé mi sentido del humor, sobre todo con mis amigos. Y lee, amiga, los libros siempre están para ayudarte a superar todos estos problemas materiales, como dices. La soledad, en tiempo de crisis, es necesaria. El silencio, el apartarse de los discursos oficiales, que solo espantan y no aportan nada nuevo. Anda, camina, sal al aire libre, respira hondo, mira el cielo, los árboles, las plantas, la naturaleza. Sal con Laika, no olvides que todo pasa. Anda, respira, reflexiona, comunica con tus amigos, participa en lo que puedas para ayudar a los demás, y ocúpate de ti misma.
Yo: Virginia, ¿Qué has aprendido en tiempo de guerra?
Virginia: En tiempo de guerra he trabajado sin parar, mi mente siempre ocupada, inquieta. He mirado, escuchado, he vislumbrado verdades, mentiras… Pero repito, tienes que trabajar, en lo que sea, es decir en lo que consideres esencial para tu vida. En tiempo de guerra estuve menos enferma ya que habían otras prioridades pero prioridades humanas. Deja los políticos mentir, crear mundos insostenibles, crear infiernos… y deja a los ciegos que los siguen hacer de este planeta un no sentido. Tú haz lo que tengas que hacer, con tu fuerza interior, tu energía, tu saber, tu valentía. Y con todo esto, más mucha compasión y mucha paciencia, sobrevivirás a la crisis.
Yo: Pero… ¿Y la muerte, las victimas, las tragedias?
Virginia: Estas viva, ¿no? Esto es lo que cuenta. Mientras estas viva puedes aprender, leer y entrar en la vida de autores que tienen algo que aportarte. Mientras estas viva puedes escuchar música, sintonizarte con los otros, ayudar en lo que puedas. Esto también es trabajo. Proyecta, yo siempre tuve proyectos de libros en mi cabeza. Ayuda a los demás, yo siempre que lo pude lo hice. Adáptate a las circunstancias. Todo es movimiento. Nada es eterno. No busques la fama. En tiempo de crisis hay que cortar, recortar. Y luchar.
Me acuerdo del día en que aprendí que los Reyes Magos no existían. Estábamos en el gran comedor de casa de mi abuelita. Veo con claridad la mirada irónica de mi tía, y la de mi madre. Oigo sus risas. Me quedé petrificada. Acababa de darme cuenta, con dolor y pena, que los adultos eran unos mentirosos.
Por la noche lloré un montón, Laika. Me pareció que la vida de repente era un espacio gris, triste, unidimensional. ¿Entonces la magia no existía? Pues vaya gracia.
Pero no era cierto. La magia existe, y esto aunque los adultos sean mentirosos y te digan que no hay magia. La magia es juego, ilusión, esperanza, es sentir que la vida es un océano compuesto de muchas realidades. Es vivir la multidimensión de la realidad. Es creer en lo milagroso de la vida.
Por otra parte cuando llegó el próximo día de los Reyes Magos de repente me sentí muy feliz al ver que mi hermana menor aún creía en ellos. A través de ella, de su esperanza, de su ilusión, yo volví a vivir la magia. Estaba aprendiendo, sin darme cuenta, la empatía.
Transformarse en un adulto es un largo camino, Laika. Pero nunca hay que perder este sentido de la magia que está hecho también de mucha curiosidad, de abertura, de compromiso con sus ideales. Los Reyes Magos no existen pero hay otras fuerzas que hacen vibrar nuestra alma, existen momentos especiales dónde sentimos que tenemos alas y volamos, existen personas o animales que nos abren a otras dimensiones que no sabíamos que estaban. Lo que importa es estremecerse, mirar la vida con estos ojos de niña que creía. Es creer, sí.
Si, si, Laika. Con esto de la crisis económica, una de las salidas es reír. La risa siempre ha sido una actitud casi revolucionaria. Con la risa todo pasa: los problemas de dinero, las penas, las inquietudes… La risa es buena para el cuerpo y el alma. Un masaje que nos deja relajados, nuevos. Entonces digo: ¡es tiempo de reír!
Si quieres Laika hoy vamos a aconsejar, a nuestros queridos amigos blogueros, tres clásicos del cine, tres comedias que con el tiempo no han perdido ni sabor ni potencia. Al contrario. Estas películas se han transformado en clásicos porque ya, en su base, cuando salieron, fueron unas excelentes películas. Ahora, 40 años después, 20 o 30 años más tarde, estas obras de arte han tomado profundidad, calidad, fuerza. Y nos hacen reír. Como el primer día que las vimos.
Its a mad mad world, de Stanley Kramer, salió en 1963. Todo el mundo ha visto esta película, de joven. Yo la he vuelto a ver estos días, después de más de treinta años, y me ha parecido una película tan buena, tan fresca y tan simpática que ahora la considero un clásico y esto por varias razones: el tiempo sigue dándonos, en este largo metraje, el poder reír como cuando éramos niños, con esta inocencia que todos llevamos dentro y que, al igual que una luz eterna, no se apaga nunca. Reímos de una payasada inmensa, como si estuviésemos en el circo viendo justamente esto: payasos. Y estos payasos, en la película, son actores que ya en la epoca eran muy famosos y queridos: Spencer Tracy, Milton Berle, Buddy Hackett, Mickey Rooney, entre otros, y excelentes "cameos" como Búster Keaton o Jack Benny. Total, Laika, una película maravillosa para reír un buen rato y descansar de tantos problemas mundiales y económicos.
La siguiente película que aconsejaremos a nuestros compañeros es la tan clásica ya: Oscar, con Luís de Funes, este magnifico actor francés, de raíces españolas, que tanto nos ha permitido reír con carcajadas casi rabelesianas a lo largo de toda nuestra vida. EnOscares toda la situación que es cómica, un vaudeville clásico que transcurre en tiempo real, en un solo escenario. Yo vi por primera vez esta película cuando salió en España (Una maleta, dos maletas, tres maletas) y debía tener unos 10 años. Recuerdo la risa de mi madre, en el cine. El placer de aquella tarde siempre se ha quedado en mi, como una estrella. Y a lo largo de mi vida cuando me he sentido triste o angustiada he mirado, como terapia, películas de Luís de Funes; y como por encanto he vuelto a sentirme como aquella niña que fui, una tarde en un cine con mi madre querida.
Y por eso digo que la risa no es solo un masaje físico, la risa es mucho más. Es como el camino que nos permite ser más transparentes, más inocentes, más verdaderos.
Y como ultima película, la tan famosa y ahora clásica La Cage aux Folles, con este actor tan camaleón,Michel Serreault y el guapo Ugo Tognazzi. Esta película atrevida y simpática fue muy famosa en su época, en 1978. Yo fui a verla con mi amiga Luisa y siempre que recuerdo a esta mujer que ya nunca más he vuelto a ver, me veo junto a ella, riendo en el cine aquel del alto Montreal, comiendo Pop Corn y de vez en cuando secando lagrimas de risa. Uno puede llorar, riendo. Esta posibilidad dice mucho sobre el poder de la risa, sobre su fuerza interior. Risa buena, amiga, limpiadora, conciliadora, risa estupenda que nos une, nos hace sentir feliz, nos hace vivir en el presente, ahora, riendo.
Por eso digo, repito, amiga Laika: es tiempo de reír. Y riendo todo irá mejor.
En mi cementerio interior no hay cruces ya que no creo en este símbolo de dolor y de sumisión. Pero sí creo en la energía, y es por eso que en mi cementerio interior hay lucecitas, brillantes, que siempre están iluminadas y que siempre me dan luz y calor.
Es un lugar especial, mi cementerio interior. En él hay estos seres queridos que ya no están. Pero que siguen presentes y es como si estuviesen. Hay mi madre con su eterna sonrisa y su voz suave que me dice continuamente que no me enfade tanto, o que controle mi mal carácter. Mi padre también está, a veces huelo la madera que siempre asocio con el beso que le daba en la mejilla, cuando le iba a visitar. Y hay mi perro Firgoff, negro y fuerte y bello. Minoushka, la gata de rayas grises. Buda, el perrito de la pradera más guapo de la tierra. Y Spartacos, un terrier travieso. Ahí están todos, y otros más, luces, energía, memoria, recuerdos y tanto, tanto más…
El halo de sus vidas, este momento tan especial que han vivido aquí, sobre la tierra conmigo, me sigue acompañando. Muchas veces creo que no se han ido, tan presentes los siento, tan íntimamente los percibo. Veo la sonrisa de mi madre, o la mano de mi padre, espesa y fuerte de tanto trabajar la madera. Siento la fuerza de Firgoff, como si viniese a darme un beso o rozarme con una des sus patas.
Olores, sabores, silencios especiales, siempre algo me los recuerda. Andando por la calle, leyendo, conduciendo, el dialogo con ellos no se ha roto. Cosas que me gustaría hacer con ellos, paseos imaginarios. Conversaciones inventadas, caricias, sonrisas. Les pido consejo, a veces, o ayuda. Fuerza, darme fuerza y valentía, les digo. Minoushka, dame un poco de tu energía, tú que viviste 23 años. Dame tu energía buena, enséñame como amar incondicionalmente como tú lo hiciste conmigo.
Cuando hay mucho viento, este viento del Norte tan potente, se me aparece en la mente Firgoff desafiando el viento que un día nos atrapó y como, con su fuerza de labrador retriever, pudo ayudarme a llegar hasta la puerta de la casa. Ah... recuerdos, memoria, sensaciones que con el tiempo no han desaparecido, al contrario. Más pasan los años más todo se vuelve más claro, más agudo y límpido.
Y tú, Buda, que tanto me enseñaste, tan pequeño que eras y me ofreciste el don dedar, y me permitiste descubrir dentro de mí un amor inmenso y materno y eso desde el primer día en el que vi tus dos ojitos negros, almendrados, el día cuando me enamoré de ti y de Shiva, tu compañera que aún vive...
Y tú, Spartacos, el terrier más listo que jamás ha existido: cuando viste a mi madre te enamoraste de ella. Y recuerdo cuando yo llegaba a casa de mis padres, tu alegría al verme entrar por la puerta ya que sabias que nunca me olvidaría de ti, nunca pararía de abrazarte y de besarte, nunca, simplemente, desaparecerías de mi vida.
Sí, mi cementerio interior está vivo, está vibrante de memoria y de recuerdo: olores, sabores, paseos interiores que hago los ojos abiertos, sin miedo ya que un día sé que volveré a fundirme yo también en energía, como vosotros.
Para mí, la felicidad es tan simple: es estar aquí, en mi día libre, y gozar de tu presencia, Laika.
Es encenderme un cigarrillo y leer a Alicia Giménez-Bartlett.
Mirar y disfrutar de Shiva y Zen, mis dos perritos de la pradera. El sol resbala como una columna de miel sobre la jaula.
Es mirar el cielo, azul y blanco y sentir el sol, el sol maravilloso calentarme la piel. ¿Lloverá? Dicen que cuando te encuentras con telarañas por el camino caerá lluvia. ¡Ojala!
Para mí, la felicidad son pequeñas cosas, pequeños gestos, las cosas de la vida en la que la mayoría de las veces no prestamos atención: el canto maravilloso de mi canario, el perfil del hombre que comparte mi vida, el sonido de unas abejas sobrevolando mi pelo. La miel que tengo guardada en el armario.
También esto es felicidad.
La sopa que estoy preparando, que nos dará mucha energía a todos. El suave aroma del caldo que me recuerda el que preparaba mi querida madre.
Esto es felicidad, si.
El pensar que mi vida es esto, estos pequeños gestos, las cosas de la vida que hacemos sin pensar, la mayoría de las veces, saborear un buen té, un buen café con leche, sentarme aqui con un libro de detectives, mi mano y el cigarrillo... el olor a tabaco que me lleva a otros olores de cigarrillo como el que encendía por las mañanas en Dakar, (entonces fumaba Gauloises), y a lo lejos, en aquella casa tan grande, ya podía oír el reír de los crios.
Simplemente estar aquí es felicidad, Laika. Contigo, conmigo.