8/11/12

Dejadme oir el llanto de la guerra civil



Yo siempre he pensado que es importante ir al pasado para entender un poco mejor el presente y visualizar el futuro. Esta era también la tesis de Marcel Proust. Para Proust no existía una delimitación entre pasado y presente el tiempo siendo algo muy relativo, sin barreras, sin limitaciones ni límites.  Es más, estos viajes atemporales son esenciales, vitales para el entendimiento de uno mismo (y de los otros) porque solo mirando el pasado con los ojos del presente, podemos entender este pasado, lo que fuimos en él, las razones que nos hicieron ser aquella persona en aquella circunstancia y entender lo que ocurrió en todas sus facetas y de esta manera comprender un poco más quienes somos hoy. No visitar el pasado desde la nostalgia pero sí desde el despertar y la audacia de mirar lo que fue con los ojos bien abiertos. No desde el recuerdo pero sí desde un valiente cara a cara.

Esto es importantísimo para evolucionar y crecer.



Hugh Thomas



La obra majestuosa de Hugh Thomas no es una ficción, como lo es la de Proust (aunque la obra de Proust sea más que una obra de ficción).  La Guerra Civil Española no es una novela, no es una invención de la imaginación ni sobre todo tampoco un libro de historia contado desde la perspectiva de la añoranza o el idealismo. Hugh Thomas es un historiador británico que decidió analizar enteramente y concienzudamente este momento tan importante y trágico de la historia contemporánea de España y de la Europa del siglo XX. Un acontecimiento en la historia de la humanidad nos es ofrecido, pues, para dar hincapié a la reflexión y para a la vez aprender. Es analizado con profundos rasgos, ofrecido con materia prima y un baúl de anotaciones e informaciones puestas a data, para la ultima edición. En una palabra: una gran lección, este libro.








No es fácil de lectura, acaso es fácil viajar en la profundidad del infierno. Acaso es fácil viajar a  algo tan terrible como fue la guerra civil. Viajar en lo más hondo del horror y también de la esperanza, dos sentimientos que se pasean en este camino arduo y complicado, visto desde antes de 1936 hasta finales de los años 50. Porque todos sabemos que una guerra no empieza cuando suenan los primeros tambores ni termina cuando acaban de oírse. Los tambores de la guerra comenzaron antes de la Republica de Azaña y de Negrín y acabaron de tocar mucho después de 1939. Las victimas se acuerdan de ello, aunque ya nadie se acuerde de las victimas.



Abrir los ojos y contemplar lo que sucedió es un trabajo de inteligencia, un trabajo mental y emocional, un trayecto duro, triste, amargo, emocionante. Aquí,  en estas magnificas tierras, en  estas bellísimas ciudades, en estos pueblos tan bonitos que parecen de postal… pasó algo. Pasó algo tan terrible que la nueva generación no lo sabe, y que a nosotros, los de la generación de antes, nos lo han contado desde una perspectiva casi romántica, idealista. Pero aquí hubo un sufrimiento tan atroz que no hay palabras para definirlo, solo las del historiador que es capaz de nombrarlas para nosotros ya que nosotros, los descendientes de esto que pasó, hemos perdido el don de nombrarlo. Y cuando no se nombra algo este algo se esconde, vergonzoso. Y esto un día vuelve a saltar, como una bomba a retardamiento. 




Aquí todos sufrieron, hasta lo mas remoto, hasta lo más mínimo, hasta las hormigas sufrieron, hasta los pájaros, hasta el agua, hasta el cielo debió sufrir. Todos soportaron tres años de una bestialidad indefinida porque a veces es mejor no definir la bestialidad. Aquí pasaron, en estos caminos, en estas calles, en estas carreteras que ahora son tan modernas  miles y miles de soldados llegados de todo el mundo además de los miles y miles de estas tierras  para luchar sea desde un bando, los nacionalistas sea del otro, los republicanos y esto  por una causa que hoy ya ni sabemos nombrar. Ya no sabemos nombrar porque hemos olvidado. Y quizás es mejor no ponerle nombre a esta causa que fue asesina de tantas vidas. Más de medio millón. Sin contar los que murieron después.






Lo que dije, un infierno.

Lo sorprendente al leer este libro es el milagro que ocurre de poder entender lo que pasó, día a día, etapa por etapa, sea en la cotidianidad como en el campo de batalla, en los despachos de los lideres como en las reuniones de los jefes del estado mayor, en los cafés, en las tertulias, en los campos o fabricas, en las mentes de aquellos nuestros antepasados, en las mentes de los luchadores valientes y los traidores, en las mentes de los organismos, partidos, asociaciones: todo nos es accesible, todo, absolutamente todo, cada rincón, cada esquina, cada paisaje testigo de lo que ocurrió es recreado para nosotros con inteligencia y sabiduría,  podemos rozar caras,  acariciar con tristeza cuerpos destrozados, oler el aire, sentir el frío, el calor, sentir el HAMBRE, oír el derrumbar de casas por bombas, oír el motor de los aviones, llorar enfrente de campos con centenares de victimas sobre la hierba, llorar escuelas aplastadas, oler el dolor, oír el llanto, oler el miedo, oler el odio, oler el odio, oler el odio y la rabia y la locura y la esperanza. Oler a la bestia.








No es fácil viajar en el pozo del infierno que fue nuestra guerra civil, la peor y mas dramática guerra del siglo XX, según Hugh Thomas, la más brutal, la más codiciosa, problemática, la más terrible de todas las guerras, una guerra invasora, imperialista en el mismo país, dividiendo un país en dos, dividiendo familias, pueblos, campos, arrancando y destrozando, demonizando, pulverizándolo todo, hasta la humanidad que hay en cada uno. La bestia tenía cara de aviones de combate alemanes e italianos, de tanques rusos, de fusiles soviéticos, de armamento francés… Toda Europa participó en esta lucha fraticida, toda Europa se hizo cómplice, de un bando como del otro, de las terribles e innombrables atrocidades que se cometieron aquí, en este país de sol y castañetas. Miles y miles de jóvenes y menos jóvenes desaparecieron de la tierra en estos tres años de infamia. La bestia tenía también la cara de la psicopatía perniciosa de los generales y presidentes y alguaciles, de policías, y comunistas, de falangistas, de idealistas revolucionarios y cesares que se creían la personificación del Dios todo poderoso.





¿Como entender? ¿Como racionalizar?  ¿Cómo entender que la Republica perdió la guerra? ¿Por qué? ¿Por que ganaron los nacionalistas? ¿Por qué hubo tanto sufrimiento? El historiador tiene varios  objetivos y uno de ellos es el de ayudar a cada lector para que busque por él mismo, en medio de los escombros, la luz que le permita avanzar más y más, a paso de tortuga, en este camino que a veces es tan negro y oscuro como la boca de un dragón, un camino que parece sin luz, sin fin, un camino donde anda  nuestra humanidad. No es fácil.

4 comentarios:

Franziska dijo...

¡Santo Dios la guerra incivil!

Este era el tema preferido de mi marido. Tengo 78 años, nací en 1934.
¿Cómo es posible que recuerde cosas de la guerra? Pues es cierto y como se llevarían mucho espacio no voy a comentarlas.

El mayor espanto de esa guerra fue la aviación descargando sus bombas sobre la población civil. Se puede destruir a tanta distancia, sin ver la sangre, ni la cara de a quíén has matado.
Nuestra humanidad logró un hito en su deshumanización.

Estuve refugiada en un pueblecito de la provincia de Valencia y mi madre me obligó muchas veces a meterme debajo de la cama, cada vez que pasaba un avión correo. Era tal el miedo que tenía que no había manera de hacerla aceptar que no era peligroso.

Así es que miedo, hambre, destrucción, el odio sembrado entre el pueblo, y todo para defender los privilegios de los ricos. Esa es la verdad. La religión, la moral, la Igelsia, fueron la excusa. Durante cuarenta años se fomentó el odio.
Fue el pueblo el que perdió a sus hijos luchando en cualquiera de los dos bandos y además, para justificarlo todo, también se produjo esa relación cargada de veneno de lo malos que eran los que estuvieron al lado del único gobierno legal. La historia la escriben siempre los vencedores.
Aún hay gente que sigue justificando aquella sucia guerra incivil española. Así nos va.

Lydia dijo...

Gracias por tu aporte Franziska, es muy interesante oir las voces de los que vivieron esta experiencia.

Flor de Ceibo dijo...

¡Cuánto talento al escribir,cuánta secibilidad por lo social, tenés, amiga!
Tenés razon:la mayoria de la gente no tiene memoria.Aquí en Argentina
son muchos los que se van olvidando del espanto que desató el llamado Proceso de reorganización naciónal, a partir de 1976.

Anónimo dijo...

No en balde Chile es el país más parecido a España. Políticamente los chilenos somos seguidores de esa senda que nos dieron los luchadores de la libertad españoles. Nos pasó casi lo mismo. Los facistas nos atropellaron, pero igual nos levantamos.
Sueño el día en que España se libre de esa bazofia que son los componentes de la monarquía.